La Prospectiva estratégica de la realidad

La prospectiva estratégica en Colombia y el mundo, tiene un auge significativo en la actualidad, el cual genera suficientes reservas para crear un entorno de incertidumbre que conlleva a su rápida descalificación. Su aparición corresponde a las condiciones de un mundo en el cual lo único prevaleciente es el cambio, y la cultura de la previsión una aliada segura. El desarrollo de la prospectiva se ha convertido en una tarea ineludible a la hora de asumir la competitividad, sin el concurso de la anticipación es difícil ser innovadores y capaces de responder a las mutaciones que producen los entornos turbulentos.

La industria, el gobierno y las organizaciones sin ánimo de lucro necesitan conocer el futuro con el objeto de diseñar estrategias que permitan comprender sus crisis y así superarlas.

La prospectiva estratégica fomenta en la cultura de un país, acostumbrado a vivir el día a día, mediante mecanismos y acciones clave para convertir la anticipación y la planeación un proceso ineludible.

La innovación estratégica implica una transformación en los estilos de dirección (constancia y disciplina), una desmitificación de las estrategias clásicas, una metamorfosis del trabajo y el empleo. Una actitud social activa frente al porvenir.

La planeación estratégica de los decenios de 1980 y 1990 se convirtió en un discurso exclusivo de académicos y grupos particulares que no fomentó la construcción de una visión concertada de empresa, nación y futuro.

La prospectiva estratégica, con algo más de treinta años en el mundo, constituye una disciplina capaz de dar sentido y contenido a los proyectos, la cual orienta desde una perspectiva global las acciones locales de cada uno de los estamentos sociales involucrados y comprometidos con el cambio.

La prospectiva y el pensamiento estratégico en una acción mancomunada se convierten en una herramienta valiosa para la efectividad de la estrategia y la decisión.

Colombia presenta la coexistencia de diferentes actores con intereses diversos en los cuales las condiciones para deliberar y desarrollar soluciones a los graves problemas se han originado en entornos caracterizados por la violencia de las armas. Por tanto, no puede darse el lujo de observar con reservas la exhortación para hacerse cargo de su futuro.

La prospectiva estratégica genera dentro de las organizaciones una dinámica propia que posibilita construir una adecuada visión de su propósito en los próximos cien años, también un acuerdo sobre la manera civilizada de conquistarla sin perjuicio de la complejidad de sus diferencias prueba de ello son los ejemplos en Europa, Canadá y Estados Unidos. El futuro de los países latinoamericanos es el resultado de la inercia mundial, la reflexión prospectiva puede ayudar a cambiar ese curso equivocado.

El repaso de nuestra historia evidencia qué de cualquier modo, y casi en todos los casos, los conflictos que nos aquejan se hubiesen evitado de ser observados oportunamente.

Latinoamérica se ha acostumbrado a los estertores del optimismo, a la inercia de las acciones, al peso de la incertidumbre y al pesimismo, y con ello se ha ubicado (salvo contadas excepciones) en el camino del azar y de la fe ciega, sin un proyecto a futuro, sin rumbo, ni acuerdos de generosidad y solidaridad. Corrupción, indiferencia, movilización de capitales e impunidad son solo los efectos del miedo al fracaso colectivo, del intercambio desigual que desencadenan la democracia y la economía de mercado a escala planetaria.

Colombia como proyecto es un conjunto fragmentado y anárquico donde se hacen esfuerzos por cohesionar intereses que riñen entre sí. Como sociedad no se ha permitido modelar su futuro conforme a sus posibilidades, esa es la razón por la cual en este siglo solo se augura atraso y fatalidad.

Los actores dinamizadores del país descubren cómo estos efectos se acentúan en medio de la crisis, la planificación estratégica clásica y las técnicas de predicción económica no responden a las preocupaciones reales de las organizaciones socioeconómicas, tampoco de los países.

Gobierno, universidades, empresas y Centros de Investigación se preguntan por la posibilidad de quebrantar la tendencia de los desequilibrios globales y generar para nuestro país un proyecto viable.

Los desequilibrios demográficos, modos de vida y formas de exclusión; las amenazas sobre el medio ambiente y energéticas; la competencia económica y técnica en el ámbito mundial; y la crisis de los Estados evidencian que las tareas son indelegables en democracias representativas, y en grupos que frecuentemente se encuentran obsesionados con el corto plazo impidiéndoles enfrentar sus retos estratégicos con menores dosis de riesgo e incertidumbre. Esta noticia pretende desencadenar motivos suficientes entre los grupos de personas que piensan a largo plazo y que día a día proponen ideas y estrategias conducentes la resolución de la crisis, de forma tal que conquiste para nuestra sociedad un futuro elegido y deseado.

Los futuros posibles deben pensarse desde el presente, es realmente productivo pensar desde hoy en sus potencialidades. Salir de la crisis depende de cada uno de nosotros, del esfuerzo que hagamos por proveer de sentido cada uno de los esfuerzos individuales y colectivos.

La prospectiva, denominada "el arte de la conjetura", no es más que la manera de acercarse a las posibilidades de salvar una crisis que destruye la productividad y acercarnos a la esperanza mostrándonos el camino seguro de un futuro elegido y consensual. Bienvenida sea esta nueva forma de acercarnos al futuro y tener memoria de él.

 Tomado de: EL TIEMPO.